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El País, 10.3.00

RICARDO LAGOS - PRESIDENTE ELECTO DE CHILE

"Que los jueces hagan lo que tienen que hacer". FRANCESC RELEA, Santiago

Ricardo Lagos Escobar, 62 años, entrará mañana como primer presidente de Chile del siglo XXI en el palacio de La Moneda, el mismo que bombardearon los aviones de Augusto Pinochet hace 17 años. Ahora, el general golpista afronta la acción de la justicia de su país y Chile vuelve a tener un presidente socialista despues del golpe que derrocó a Salvador Allende. Lagos cree que "el Gobierno, la oposición y el Ejército deben cruzarse de brazos para que la justicia trabaje".

Símbolo de los nuevos tiempos, la fachada del palacio presidencial chileno, La Moneda, exhibe un blanco luminoso recién pintado que entierra la vieja imagen de un edificio tétrico. "Creo que es un buen indicador de los temas que tenemos pendientes. La Moneda está blanca sólo por una fachada, las otras tres todavía no lo están. Eso es un poco el país, la mayoría del esfuerzo hay que hacerlo todavía", dice Ricardo Lagos, el presidente electo que mañana asume el poder en Chile. Uno de sus primeros gestos, dice, será abrir La Moneda y permitir que los chilenos transiten por el interior del palacio para acortar el camino de una plaza a otra. Así fue hasta el 11 de septiembre de 1973, el día en que el golpe de Estado de Augusto Pinochet truncó la democracia.

"No sé lo que pasará cuando entre a La Moneda como presidente, pero le puedo decir que fue muy fuerte para mí, muy fuerte, cuando hace 10 años tuve que ir a una reunión en el palacio presidencial antes de asumir como ministro de Educación", evoca Lagos. "No había vuelto desde que fue bombardeado. La última vez que había estado era con el presidente [Salvador] Allende. No sé que ocurrirá mañana, pero mi sensación es que lo fuerte lo viví hace 10 años. De igual manera que el día del triunfo del plebiscito del 5 de octubre de 1988 le dije a mi esposa: nunca vamos a tener un día como éste. Mi vivencia cuando derrotamos en el plebiscito a Pinochet es infinitamente más fuerte, más alegre, más emocionante que cuando gané la presidencia".

Pregunta. Usted asume mañana la presidencia con el tema Pinochet nuevamente sobre la mesa. ¿Habría preferido otro escenario?

Respuesta. No. Creo que es mejor afrontar los temas. Chile tenía una tarea pendiente: demostrar que nuestra justicia funciona. Es mejor abordar el tema ahora.

¿Qué tiene que hacer el Gobierno, la oposición, el Ejército y el poder judicial para que Pinochet deje de planear sobre la vida política chilena?

Una sola cosa. Lo que se hace en cualquier país democrático: el Gobierno y la oposición discuten sobre políticas públicas, sobre políticas de Gobierno, pero no discuten sobre cómo los tribunales hacen su tarea; las Fuerzas Armadas deben ser obedientes y no deliberantes, y menos tienen que discutir sobre lo que hacen los tribunales. Por lo tanto, estas tres instituciones lo único que tienen que hacer es cruzarse de brazos y dejar que los tribunales trabajen. Cualquier otra actuación sería tremendamente negativa y el mundo no la entendería. Hemos estado en el ojo del huracán del mundo y yo dije, junto a otros muchos chilenos, que tenemos que ser capaces de arreglar nuestros asuntos aquí. Que los jueces hagan lo que tienen que hacer.

¿Cree usted que se ha dicho toda la verdad sobre el regreso de Pinochet a Chile?

Creo que aquí había un temor de que Pinochet muriera en el extranjero. Los informes médicos, esto y lo otro... Y dijeron, bueno, que regrese. Tengo esa sensación. Los chilenos se habían olvidado de Pinochet. No fue tema en la campaña electoral. Se armó el barullo con la vuelta.

¿Estará el juez Juan Guzmán solo si finalmente le corresponde procesar a Pinochet?

Efectivamente, es una tremenda responsabilidad para el juez Guzmán, pero creo también que la justicia chilena está configurada por un conjunto de hitos judiciales, de grandes jueces que han estado a la altura. Creo que el juez Guzmán es consciente de ello.

¿La iniciativa del Consejo de Defensa de Estado (CDE, Fiscalía) de personarse en las querellas contra Pinochet significa el apoyo a la acción de la justicia hasta las últimas consecuencias?

Esta iniciativa se pidió hace más de un año sin éxito. Creo que ahora resolvió hacerse parte de una manera muy autónoma. No hubo, que yo sepa, ningún tipo de presión o interferencia del Gobierno saliente. De mi Gobierno lo único que va a haber es garantizar que puedan trabajar tranquilos.

¿Qué hará usted si el Ejército niega su colaboración a la justicia en un momento determinado?

No veo por qué el Ejército va a negarse a colaborar con la justicia. Yo me he comprometido claramente con el país a decir la verdad de lo que ocurra. Y lo voy a hacer. Lo peor que podría ocurrir es que se produjeran situaciones que uno creyera que se pueden resolver bajo bambalinas. Los ciudadanos tienen que saber si en este u otro caso tenemos problemas y tienen que saber en qué consisten. Este pequeño país tiene que demostrar que hemos ordenado la casa y ello significa que cada poder actúa independientemente.

¿Cree usted que este Ejército no es el que necesita Chile porque mira todavía hacia el pasado?

El Ejército siente una lealtad hacia quien fue su comandante en jefe durante un periodo inédito en la historia de Chile por su larga duración. Se siente con un gran compromiso afectivo con lo que fue el Gobierno militar y su obra, como ellos dicen. Hasta ahí puedo entender muchas cosas. Pero el Ejército cada vez se da más cuenta que para seguir siendo una institución permanente, involucrada en el progreso del país, tiene que mirar hacia el futuro. En tanto siga anclado en el pasado no podrá comprometerse con el futuro.

¿Qué diferencia tendrá su Gobierno respecto de los anteriores de la Concertación?

Hay diferencias que corresponden a distintos momentos. Patricio Aylwin tenía que demostrar que la coalición podría funcionar. Era distinto estar todos de acuerdo para decir no a la dictadura que gobernar. Aylwin demostró que era posible y tuvo el tema de los derechos humanos en el primer lugar de la agenda, propio de la transición a la democracia. Eduardo Frei quiso dar el salto de la modernización. El crecimiento económico fue el elemento central de su Gobierno. Y lo logró. Hemos crecido en 10 años a un promedio del 7% y hemos doblado el PIB. Y ahora qué. La Concertación percibe que es hora de luchar contra la desigualdad social y la desesperanza creciente en amplios sectores. Hay menos pobres, es cierto, pero no se trata de andar contando pobres. Tenemos una estructura social inadecuada. Quiero dejar un país distinto al término de mis seis años, donde la población perciba que el mercado es muy importante, pero que hay ciertas áreas que la sociedad le garantiza a todos.

¿Y las reformas políticas que requieren una mayoría parlamentaria de la que usted no dispone?

Espero que las promesas que hizo la derecha durante la campaña electoral se cumplan. Cuando dije que si no llegábamos a acuerdos convocaría plebiscitos no me dijeron que no. Quiero una Constitución no sólo sin senadores designados. ¿Cuándo terminará la transición? ¿Por qué llegó un presidente socialista después de 30 años? No, la transición va a terminar cuando tengamos una Constitución en la que estemos todos de acuerdo. Ahora tenemos una Constitución que rechaza un amplio conjunto de la sociedad.

¿Y las relaciones con España?

Sinceramente, creo que no hay nada que reconstruir. Están con muy buen pie. Aquí ha habido una tormenta, unos relámpagos o truenos de verano que van a pasar. No hay razón para no tener muy buenas relaciones con España.

¿Cuándo se produce el llamado punto final?

Creo que nunca. Otra cosa es decir que tenemos otros temas en la agenda más importantes. Aboquémonos a ellos. ¿Qué me gustaría en mi Gobierno? Que exista la sensación de que resolvimos el tema de los detenidos desaparecidos, porque es una herida abierta muy fuerte. Saber qué pasó, dónde están, de los que se pueda saber y de los que no, que se diga qué ocurrió. Esto sería muy importante.

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