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El País, 17.11.99

Pinochet y las razones humanitarias. José Bono Martínez

La invocación de razones humanitarias para librar a Pinochet de ser juzgado, y eventualmente condenado por crímenes contra la humanidad, ha vuelto a tomar actualidad. El ministro del Interior británico estaría estudiando la solicitud del Gobierno chileno para que se libere a Pinochet por motivos de salud. A tenor de estas informaciones, el Ejército chileno, ahora, apoya explícitamente esta "salida humanitaria" y rechaza radicalmente el regreso a Chile de su ex comandante si ello implica juzgarle, vía que pretende abrir el magistrado Juan Guzmán. Es decir, los milicos chilenos ni lo desean extraditado a España ni esposado ante un juez de su país; lo quieren en Santiago de Chile, bajando la escalerilla del avión y, con las manos libres, saludando victorioso a sus seguidores.

Mucho han cambiado las cosas desde que comenzó el proceso a Pinochet. Es posible que los informes médicos revelen que su salud ha empeorado desde que llegó al Reino Unido. En cierto modo, a Londres no llegó un enfermo anciano -aunque ahora lo sea con más realidad-, sino un senador vitalicio, enseñoreado por su amistad con la señora Thatcher. Probablemente aprovecharía también su visita a Londres para hacer negocios de armas, ya que, conforme ha revelado Peter Kornbluh con documentos del Consejo Nacional de Seguridad de EE UU en la mano, Pinochet es un experto en compatibilizar asuntos: cuando vino al funeral de Franco aprovechó el viaje para mantener reuniones con terroristas.

Sí, mucho han cambiado las cosas. Fundamentalmente para que la justicia no se estrelle de bruces contra el muro de las fronteras políticas. Excepto los fiscales de Aznar, Cardenal y Fungairiño, se baten en retirada quienes defendieron con argumentos jurídicos y políticos la imposibilidad de procesar a Pinochet.

Es evidente, y sería injusto no evidenciarlo, que entre las personas e instituciones contrarias a procesar a Pinochet hay múltiples diferencias, pero también puede afirmarse que hay una nota común: todos creen conocer el mundo mejor que los demás mortales. Dicho de otro modo, desconocen que los tiempos están cambiando, y que el signo de los cambios es una renovada conciencia de pertenencia a la humanidad, en la que el factor humano es la piedra de toque de la economía, de la política y también de la justicia. Esta conciencia se está abriendo paso por encima de fronteras, Estados, naciones, nacionalidades y otros corralillos en los que dividimos al planeta.

Esa verdad se está abriendo paso también en el caso Pinochet. Y por eso ahora hasta sus abogados fían la suerte de su patrocinado a que el ministro británico tome una decisión, basada en el factor humano, que lo libre de un juicio para el que no estaría en condiciones de salud idóneas.

Sí, hasta ahí ha llegado el cambio desde que Garzón nos dio la alegría de proceder contra Pinochet. Quienes se escandalizaron con el proceso judicial afirmando que no era sino una venganza política han mostrado tener pocas razones jurídicas que invocar y están a la espera de una decisión política, en base a argumentos humanitarios, para librar a Pinochet de la justicia.

Que hayan retrocedido hasta este punto no es sino una manifestación más de que Pinochet fue y es un militar traidor, y el símbolo de una política cobarde. Traicionó a Allende y a su país, de mano de la CIA, para implantar un régimen político que asesinó, torturó e hizo desaparecer a miles de compatriotas inermes. Ahora, emplazado por la justicia, fía su suerte al triunfo de una decisión basada en motivos a los que él nunca prestó audiencia.

El evidente cinismo de esta paradoja no excluye que en el caso Pinochet tengan vigencia las razones humanitarias. La cuestión no radica en destacar ese cinismo de los pinochetistas, sino en revelar las razones humanitarias por las que Pinochet debe sentarse en el banquillo.

El proceso a Pinochet no es la continuación de la política por otros medios. En cierto modo, es un reflejo de la incapacidad de la política chilena para hacer justicia a las personas que tomaron una opción política por razones humanitarias y acabaron siendo víctimas del terrorismo de Pinochet.

El proceso a Pinochet refleja la presencia de ese factor humano en la justicia, que se ha abierto paso por los intersticios de un Derecho Internacional que permiten no dejar impunes los crímenes contra la humanidad.

Enjuiciar a Pinochet será, está siendo, un acto de justicia que quizá sea evitado por un acto político: la decisión del ministro Straw de devolverlo a Chile por razones humanitarias. A este ministro se ha dirigido el obispo de Canterbury pidiéndole que preste "atención a los aspectos personales del caso y muestre compasión"; debería estar claro que los aspectos personales del caso no son sólo ni fundamentalmente los referidos a Pinochet. Hay muchos, miles, de aspectos personales que implican a sus víctimas. El ministro británico debería atender los aspectos personales del caso como le aconseja el arzobispo y revivir en la motivación de su decisión la memoria de los miles de asesinados y desaparecidos que produjo el genocida que ahora en Londres se rodea de estampas de la Virgen para impresionar a cándidos televidentes.

En cuanto a la compasión que reclama el arzobispo: ¿cómo se podría considerar una desgracia el sentar en el banquillo a Pinochet y sentir ternura por el dictador cuando tal hecho sería la primera oportunidad de defensa para sus víctimas? ¿Cómo quiere el arzobispo que padezcamos con Pinochet, que le compadezcamos, si no ha mostrado el mínimo arrepentimiento por sus crímenes?

El líder anglicano también apoya su petición en un argumento político: el dictador habría propiciado el regreso de la democracia a Chile. ¿Acaso no habría que considerar que la impunidad o la inmunidad del senador vitalicio y su falta de arrepentimiento -que enardece y da fuerzas a sus activos seguidores- es un factor que frena la democracia en Chile?

Straw es un político, y la suya será una decisión política. La medida de su acierto no dependerá sólo de los informes médicos. El fiel de la medida será, sobre todo, que no se defrauden las expectativas de justicia de aquellos chilenos que pudieron verse reflejados en el articulo A la espera, que el escritor Ariel Dorfman publicó en este diario (11 de marzo de 1999). "Me gusta conjeturarlo rodeado de los fantasmas de los hombres y mujeres que mandó matar... hace 25 años. Me estoy preparando para este juicio, hace 25 años que sueño con esta posibilidad", decía; para concluir que la tarea pendiente que Chile debe a la historia es la de "enfrentar al tirano en nuestra conciencia, en la corte interior de cada chileno".

Nada deja entrever hasta el presente que Pinochet se haya emplazado ante el tribunal de su propia conciencia. Todo lo que se haga desde el humanitarismo debe servir, no para que se confiese culpable -allá él con su conciencia-, sino para que el caso Pinochet sea un paso histórico en el triunfo del factor humano en la política y en la justicia.

Más que nunca, un político como el ministro laborista Straw habrá de valorar las consecuencias de sus decisiones. Estamos a la espera muchas personas en todo el mundo. Somos millones los que deseamos que el factor humano prime sobre las conveniencias políticas o electorales del Gobierno británico, del español o del chileno.

José Bono Martínez es presidente de Castilla-La Mancha.

 

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