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Pinochet mas derrotado que nunca

Desde Santiago de Chile, por Rasmus Sonderriis

El caso Pinochet sigue siendo un triunfo histórico para los derechos humanos. Hoy culmina un año y medio de humillaciones que el confiado tirano sufriera en el extranjero. Gracias a esto, Chile ha cambiado, y prepara para su ex dictador una deshonra incluso peor que el juicio en España.

"Gracias por la ayudita, Sr. Straw, y "Scotland Yard en nuestro corazón para siempre".

Estas son las pancartas que las víctimas y activistas de derechos humanos deberían mostrar en estos días frente a la Embajada Británica en Santiago de Chile. En realidad, sus consignas de protesta, sus caras de amargura y desilusión no hacen más que alentar a los pinochetistas, quienes estuvieron en ese mismo lugar hace pocos meses, gritando de rabia e impotencia.

De esta manera, la crítica contra Jack Straw lanzada por Ann Widecombe, vocera del Partido Conservador británico, de que "al final, este caso no deja contento a nadie" pareciera confirmarse. ¡Wrong, Mrs. Widecombe! Aquí en Chile somos muchos los que seguimos extraordinariamente contentos, aún cuando ahora se nos devuelve al viejo autócrata.

Primero, cabe destacar que Pinochet no está absuelto. ¡Todo lo contrario! Luego de una condena universal, tras un precedente histórico, el ex dictador sufre la indignidad de ser liberado "por compasión" por el mismo ministro socialista al que su gente acusó de "crueldad y complot". Es una tremenda ironía que no pasará inadvertida por la historia. Muy distinto habría sido si su muerte hubiera ocurrido en suelo extranjero, convirtiéndolo en un mártir para ese 35-45% de chilenos que sigue defendiendo a su "guerrero".

Segundo, Pinochet no vuelve al mismo país del que partió. La pésima evaluación internacional de la justicia chilena, expresada por la detención de Pinochet y otros incidentes, ha calado hondo aquí, obligando a los jueces a demostrar su valor frente al mundo. Hay que recordar que en Europa, el último fallo de los lores limitó las acusaciones aquellos crímenes que se cometieron por los "malos hábitos" de su aparato represor" después de diciembre de 1988. En Chile, en cambio, una nueva interpretación de la Ley de Amnistía de 1978 ya ha dejado detenidos a altos cómplices y cercanos amigos de Pinochet. También se están esclareciendo y aplicando la ley en casos posteriores, como el asesinato de Tucapel Jiménez en 1982, y la masacre conocida como Operación Albania en 1986. En un caso reciente de violencia común que implica al Senador "Fra-Fra" Erarrázuriz, la Corte Suprema demostró que el fuero parlamentario es absolutamente revocable. Por lo demás, hasta los propios correligionarios de Pinochet en la derecha chilena han afirmado que, si su antiguo líder está enfermo, tampoco podrá seguir en su cargo como legislador. En todo caso, para evitar grandes costos políticos entre su propia gente, Pinochet tendrá que mantener un perfil extremadamente bajo, algo difícil para un hombre acostumbrado a cosechar aplausos pronunciando odiosidades aberrantes en el Club Militar.

Por supuesto, aún es posible que Pinochet salve su pellejo en Chile por falta de voluntad política para enfrentar a los militares, y que logre dilatar los procesos en su contra hasta su muerte. Aún así, las gravísimas acusaciones en las cortes van a seguir día tras día. Tal situación, aquí en su patria, constituye una tremenda deshonra, no sólo para él, que se creía invulnerable, sino también para las fuerzas que él representó. Frente a los tribunales chilenos, ni la derecha ni el mismo acusado podrán escudarse detrás del nacionalismo. Se les cobrará la palabra de que "Pinochet puede ser juzgado como cualquier otro ciudadano". Todo ello será una gran terapia para Chile, mucho más profunda porque realizarse en casa.

La justicia jamás podrá infligir en Pinochet un sufrimiento similar al de sus víctimas. Pero éste no es su objetivo. Lo que debemos buscar es dar a Pinochet su justo lugar en la historia chilena. Por ahora, demos las gracias a nuestros amigos ingleses y españoles, que han ayudado a plantear con fuerza el tema de los derechos humanos en el debate público de la política y de la justicia chilenas. Es un excelente punto de partida para seguir adelante con la lucha aquí en Chile donde corresponde, donde más se necesita sanar las heridas con justicia, en el mismo país que sufrió bajo la tiranía de un general hoy humillado y derrotado.

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